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Pena capital por herencia condenada. Fusión de intentos, cajón de contrastes, foro de viajeros que se quedan. Sueños coloniales en cinco ceros miran las hombreras de tres rayas en fondo blanco. Estos vientos del pueblo empujan a Tizona. También a Dulcinea. Sí pasarán.

Retrato de grupo entre majestades gárgolas con la mansión al fondo, retroiluminada y vacía. Retrato de grupo en la esquina sin Garrido ni el ramo de Mateo Morral. Retrato de grupo detrás de un cero. Triste reloj de triste torre de triste edificio, para tañidos de tremolina y algarabía. Cavernícolas convencidos del progreso contradictorio alumbrando anillos infinitos para dedos de metal. Cadenas de cajas rodantes sin pastor desbordan ríos y afluentes. Aceras de la especulación. Agentes de inmovilidad. Buzones desbordados de cartas imperativas sin sello; tasas y sanciones costeando un delirio. Teorías conspiradoras vigilando una vela encendida y un árbol seco. Y ese ruido de fondo intangible, imparable.

Manifestación contrarrevolucionaria contra ley de plazos y contra dos que se besan ante la estatua del ángel caído. Élla monárquica, él republicano y, a pocos metros de Kafka, parejas de pares y nones envueltas en el arco iris. Una mujer, deseable y libre, sostiene una mirada obscena. El último anciano haciendo el último fotograma del último carrete con la última reflex a la última puerta Real del último parque, antes de sus últimas muertes.  Polvo negro recién horneado triplicando por mil la distancia al cielo y el infierno a un salto del Viaducto. Falos insolentes, nietos de Babel. Un rastafari, pedaleando entre hienas, busca decidido el palacio de los Duques de Medinaceli. Y a Colón. Guateque al raso en la pradera, sin canela fina, ni Martin Millers Westbourne. Filas interminables a ninguna parte asegurando que nadie se cuele sin vez. El oso llora ante el madroño baldío, reo de su propia Esperanza. Nos vemos en 2020.

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Olímpicamente. Por Luis Miguel Polo, 3.0 out of 5 based on 1 rating